• 15 de agosto de 2020
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'La vida tiene que seguir': Suecia y su manera de enfrentar el virus sin cuarentena

La confianza es importante en Suecia: la confianza en el gobierno, en las instituciones y en los conciudadanos. Cuando el gobierno desafió la sabiduría convencional y se negó a ordenar un cierre total para “aplanar la curva” de la epidemia del coronavirus, los funcionarios señalaron la confianza como su justificación central.

Se puede confiar en que los suecos, afirman, se quedan en casa, siguen los protocolos de distanciamiento social y se lavan las manos para disminuir la propagación del virus, sin órdenes obligatorias. Y, en gran medida, Suecia parece haber controlado al virus con éxito, en comparación con la mayoría de los demás países.

En Suecia, el índice de mortalidad es de 22 personas por cada 100.000 habitantes que es igual al de Irlanda, que ha recibido elogios por su manejo de la pandemia y que es mucho mejor que el del Reino Unido o Francia.

Reían y disfrutaban de sus libertades, que hasta hace poco se consideraban algo normal en la mayor parte del mundo, antes de los cierres por el coronavirus, las cuarentenas y las restricciones masivas que cambiaron radicalmente las normas sociales. A medida que otras naciones europeas comienzan a pensar en reabrir sus economías, la experiencia sueca parece afirmar la necesidad de menos, y no más, cautela.

Mientras otros países estaban pisando el freno de manera repentina, Suecia mantuvo sus fronteras abiertas, permitió que bares y restaurantes se mantuvieran abiertos, continuaron las actividades de los preescolares y las escuelas de educación básica y no estableció límites en el transporte público ni las salidas a los parques locales. Peluquerías, estudios de yoga, gimnasios e incluso algunos cines continuaron abiertos.

Fuente: New York Times